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Sábado 29 Noviembre 2008
Escrito por Jordi Revert el 29.11.08 a las 4:54
Archivado en: Animación, Hollywood

Es evidente que de un tiempo a esta parte, el cine de animación vive una época dorada florecida a partir de las posibilidades de la era digital. Esto ha sido posible, en buena parte, gracias a una filosofía predominante de lanzar propuestas enriquecidas de un sano cinismo adulto, repletas de referencialidad cinematográfica, inteligentes en el vaciado de sus imágenes de lecturas políticas que parecieron ser la silenciosa norma tiempo atrás… todo ello sin que estas cualidades sean óbice para que las películas resultantes puedan ser tan del disfrute de los más pequeños como de los mayores que les acompañan al cine.

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Pixar y DreamWorks son hoy los dos gigantes que, año tras año, luchan por sumar galones a unas trayectorias que han supuesto las dos grandes impulsiones de este cine que ya se ha ganado el merecido respeto crítico. Echando la vista atrás, han pasado más de diez años desde que “Toy story” marcara ese hito en la historia de la animación, y una década exacta desde que “Antz (Hormigaz)” diera un notable pistoletazo de salida a la producción en este campo en DreamWorks. Hoy ambas compañías se encuentran en plena bonanza creativa y mantienen una dura batalla por ganarse a público y crítica con cada nueva película. Tras un verano en el que “WALL·E (Batallón de limpieza)” y “Kung Fu Panda” se erigieron sin demasiado problema como dos de las cintas más interesantes de la temporada estival, DreamWorks lanza esta semana “Madagascar 2″, secuela que prosigue las aventuras de los mismos protagonistas que hace tres años abordaron la taquilla con excelentes resultados. … sigue >>

Domingo 23 Noviembre 2008

El cine da la inmortalidad a unas obras y sume a otras en el olvido. En un tiempo en el que pocos confiaban en que el western podía recuperar los gloriosos galones que John Ford o Howard Hawks habían ganado para este, un italiano demostró que no sólo era posible recuperar la fascinación por aquella mitología cinematográfica e histórica del viejo Oeste, sino incluso superarla con creces. Su nombre era Sergio Leone, y su pasión por el escenario fundacional de América, allá donde la vida bien podía valer un puñado de dólares y los límites de la ley luchaban por imponerse a los de la supervivencia, hizo del spaghetti western la mejor revisión posible (quizá, junto a Sam Peckinpah) de un género que volvería a vivir una segunda época dorada.

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Muchos han tomado la trilogía del dólar (“Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”) como el irrevocable estandarte del spaghetti. Hay poderosas razones para creerlo. No olvidemos que se trata de la trilogía del hombre sin nombre, un Clint Eastwood que adquirió identidad propia en los anales del celuloide con un personaje anónimo, o la de las épicas construidas en torno a la codicia de los hombres en tierras poco respetuosas con las directrices del orden. Sin embargo, otros preferimos señalar “Hasta que llegó su hora” como el culmen de un cine que, nunca como aquí, destiló el hedor de tragedia que afectaba a cada esquina de un Oeste en construcción, dominado por el primitivismo del hombre y la venganza, siempre ineludible a este. … sigue >>