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Viernes 15 Febrero 2008

Ahora que estamos en pleno auge de títulos metafóricos y directamente alusivos a la esencia del cine, o a las mil interpretaciones que se pueden sustraer de ella, podríamos recuperar la imagen del pozo como forma de acercamiento cinematográfico. Ver una película equivale a una implicación siempre de matices morbosos y abusivos, la defensa de un derecho no escrito a conocer historias ajenas. Asomarse al círculo de piedra con una sensación de vértigo mayor o menor, según sea la profundidad de la hendidura y del material rodado; cuanto más eficiente y mejor construido, más clara la existencia de un reflejo en el fondo, deformado o cristalino. Un poeta de las miradas como Víctor Erice sabe que el cine, visto en la sala en relación abajo-arriba, supone en cada uno bajar la vista hacia indescifrables abismos. Y lo mejor es la inconsciencia del espectador sobre la manera en que observa atrapado, incluso después de la proyección, pues existen películas de las que resulta fácil salir y otras en las que una imagen lo constriñe por horas, días o décadas, aun sin percatarse de la oquedad de paredes lisas en la que permanece. Nunca es tarde ni demasiado pronto para lanzarse al primer pozo, como lo hace Ana (Ana Torrent), la pequeña curiosa de la vida –que contempla a modo de fotogramas imaginativos– en “El espíritu de la colmena” (1973).

 

Acostumbrada a mirar las cosas desde abajo, no le asusta el gigantismo de Frankenstein en la cinta homónima de James Whale que proyectan en el cine de barrio de su pueblo. En una época de monstruos desapercibidos que gobiernan la posguerra española, Ana encuentra en Frankenstein una criatura a la que comprender, balbuceos amorfos que podrían ayudarla a entender el educado silencio en que vive su padre (Fernando Fernán Gomez), con que la reprende su hermana Isabel (Isabel Tellería), en el cual se esconden todos los seres buenos asustados por los lobos. Una simple y ritual sesión de cine se convierte en la llave a una relectura de lo cotidiano, y la diminuta, inocente y primeriza Ana se asoma sin miedo al pozo en su afán por hallar al Monstruo, al espíritu guardián de todas las abejas que la colmena franquista aplastó una a una. La fantasía y la realidad empezaron a entremezclarse en aquella sala oscura, después en los encuadres de Erice y, por último, en la identificación del espectador con Ana, símbolo de un amor y confianza en el cine que siempre se estará reflejando sobre todas las imágenes hexagonales y vacuas de este mundo.

En la imagen: Fotograma de “El espíritu de la colmena” - Copyright © Elías Querejeta Producciones Cinematográficas S.L. Todos los derechos reservados.

Miércoles 21 Noviembre 2007

Nunca me han gustado las necrológicas porque parecen recoger en un suspiro de último minuto los parabienes de alguien que acaba de irse. Hoy se abre un duelo artístico por Fernando Fernán-Gómez, hombre del cine que no necesita de presentación para los no iniciados ni de un recordatorio de sus méritos para los más cinéfilos. Conocido por su malhumor, su fuerte opinión, sus gritos a la prensa, sus ¡A la mierda! y ¡No lo sé!, este actor-director-guionista se había convertido ya en un monumento de sí mismo. Los matices que desprendía en cada papel revelaban una vuelta de tuerca en los prejuicios del público, un aura entrañable que yo prefiero recordar no en esas famosas frases, sino en “La lengua de las mariposas” (1999), “Todo sobre mi madre” (1999) o “En la ciudad sin límites” (2001).

 

Porque decía las cosas a su modo, pero defendía y cultivaba una integridad profesional admirable, y sin él no se entenderían joyas como “El espíritu de la colmena” (1973), ni habrían surgido caminos como el de “El viaje a ninguna parte” (1986). Hasta metiendo la pata — “Lázaro de Tormes” (2000), “El abuelo” (1998)… “Pierna creciente, falda menguante” (1970)– salía con la cabeza alta. Palabras huecas para lo que de verdad importa: una parcela de cine español que siempre será suya y que no se cierra, permanece con nosotros. Para mí, un milenario y gigantesco árbol que se veía enfermar sin remedio, hasta que hoy se ha caído, dejándonos una tierra sobre la que, mantengamos la esperanza, nacerán nuevos brotes.

En la imagen: Fernando Fernán-Gómez en su última aparición cinematográfica en “Mia Sarah” - Copyright © 2006 Castelao Productions, Formato Producciones y TVG. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.