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Domingo 23 Marzo 2008

Pocas películas han recogido mejor las emociones y el espíritu aventurero que esta adaptación de la novela de Rudyard Kipling. Un niño malcriado, Harvey, necesita una lección de humildad y un poco de cariño, y lo va a encontrar después de tres meses en una escuela un tanto especial. Caído al mar desde un crucero por accidente, es “pescado” por Manuel, un marinero portugués que habla con Dios como con un compañero de faena, que pesca con anzuelo en mano y que canta lo que lleva en el corazón. Junto a la supersticiosa tripulación del capitán Disko, Harvey aprenderá a trabajar como uno más con esfuerzo y abnegación, a actuar con nobleza y valentía, a valorar la amistad y la camaradería. Con ellos surca el mar y aprende a pescar en los caladeros de bacalao, asiste a la sana rivalidad con el barco de Cushman por llegar antes a puerto, y a las apuestas entre Manuel y Long Jack… y sobre todo aprende a querer.

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Se le ha criticado su exceso de sentimiento y blandura, fundamentalmente por aprovechar el inocente rostro de un Freddie Bartholomew que enternece a los duros marineros y al espectador que se ponga por delante. Es verdad que el director, Victor Fleming, apuesta por esa baza y que la gana, como también lo es que consigue escenas de enorme belleza visual en la carrera de los veleros o durante la trágica tormenta, y algunas de una veracidad casi documental en los momentos de pesca. Excelente la interpretación de un Spencer Tracy duro por fuera y blando por dentro, cantando a su “pescadito” y enseñándole a tragarse el orgullo y el enfado, lo mismo que el gran Lionel Barrymore al frente del barco-escuela. Las evidentes transparencias para las escenas de mar —limitaciones de la época— no restan interés a una fluida y entretenida historia de aventuras marinas y de aprendizaje emocional. Por eso, qué buenas películas de la tarde de los sábados, y qué buenos guiones los de entonces… Porque nadie que haya visto “Capitanes intrépidos” podrá olvidarse de esa escena final en que Manuel se va a pescar en otro mar, o de aquella otra en que un Harvey animoso aprende a escupir en la cubierta del barco.

En la imagen: Spencer Tracy y Freddie Bartholomew en “Capitanes intrépidos” - Copyright © 1937 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados.

Lunes 17 Diciembre 2007

De falsos sabios es ya el aviso dado a los directores: trabaja con todo excepto niños y animales. El propio Hitchcock, a quien se acusaba de formular esta sentencia, tuvo que corregirse admitiendo que eso de hacer explotar una bomba –de mentira– en manos de un chico en “Sabotaje” (1936) estuvo muy mal. Y es que la pregunta del millón ya fue formulada por el humor irreverente de Chicho Ibáñez Serrador: “¿Quién puede matar a un niño?” (1976) ¿Qué director desalmado podría tratarlos mal en pantalla? Sin embargo, ahora que se acercan las producciones navideñas destinadas a un público infantil y pobladas de protagonistas en dicha franja de edad, las ansias asesinas –también de mentira– hacia determinados personajillos repelentes pueden convertir al espectador más paciente en un émulo del maestro del suspense. Esta tradición de estrellitas próximas a desintegrarse cuando les cambien la voz y la altura ha sido muy cultivada por la estructura hollywoodiense, aunque sigamos sin entender por qué eran actores y actrices tan queridos.

 

De Shirley Temple resultaba odiosa toda su persona, niña-muñeca –como Bette Davis en “¿Qué fue de Baby Jane” (1962)– que verbalizaba sus frases con la misma rimbombancia que un ángel robotizado mientras intentaba romper su apariencia ideal con travesuras cinematográficas acabadas siempre en risas y llantos felices. Ejemplo de ejemplos: “La pequeña princesa” (1939), referente de “La princesita” (1995) que rodó Cuarón con algo más de sentido común, pero la misma ñoñería folletinesca. Su álter ego masculino, Freddie Bartholomew, lucía la pátina de heredero mimado sometido a los azotes de la vida, por su bien y por el nuestro, aunque se mezclase en películas más estimables, como “Capitanes intrépidos” (1937). Ambos sufrieron el escepticismo de la industria a la hora de crecer y asumir nuevos papeles, al contrario de niños más afortunados que ya apenas se recuerdan por sus aportaciones infantiles, como Elizabeth Taylor, compañera leal de la perra Lassie en varias entregas o la más falsa rubia de las Amy en “Mujercitas” (1949). La misma suerte corrió para Natalie Wood, protagonista de la muy estacional “De ilusión también se vive” (1947), y para Mickey Rooney, quien logró librarse del encasillamento de la saga de Andy Hardy y de su emparejamiento musical con Judy Garland.

 

De la mayoría de esos niños adorables u odiosos que hicieron difícil la filmación –y, a veces, la digestión– de muchas películas, se perdió la pista: Mary Badham, la hija chicazo de Gregory Peck en “Matar a un ruiseñor” (1962), Jackie Cooper en “El campeón” (1931) y Rick Schroeder, el T.J. de “Campeón” (1979) que tantas lágrimas hizo derramar al público –y unos años después protagonista de un remake de “El pequeño lord” (1980), que en 1936 tuvo por estrella a Bartholomew–. Justin Henry, el objeto de litigo de “Kramer contra Kramer” (1979), Billy Chapin y Sally Jane Bruce escapando de “La noche del cazador” (1955), Chris Rebello y su shock en “Tiburón” (1975), los niños originales del primer Willy Wonka, “Un mundo de fantasía” (1971) o el inaugural “El pueblo de los malditos” (1960). Los mini-héroes de “E.T.” (1982), Henry Thomas y Drew Barrymore, y de “Exploradores” (1985), Ethan Hawke y el fallecido River Phoenix, han trazado caminos tan distintos que da qué pensar si en verdad existirá una maldición hitchcockiana. Si cuando la pantalla los transportaba entre algodones el fracaso parecía ser su última recompensa, ¿qué será de los nuevos niños de celuloide, convertidos en criaturas insolentes, alienadas o zombificadas? ¿Continuarán girando las tuercas y serán ellos quienes en un futuro nos dirijan a nosotros…?

En las imágenes: Shirley Temple en “La pequeña princesa” - Copyright © 1939 Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Freddie Bartholomew en “El pequeño lord” - Copyright © 1936 Selznick International Pictures. Todos los derechos reservados. Elizabeth Taylor en “El coraje de Lassie” - Copyright © 1946 Loew’s y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Mary Badham en “Matar a un ruiseñor” - Copyright © 1962 Brentwood Productions, Pakula-Mulligan y Universal International Pictures (UIP). Todos los derechos reservados. Ethan Hawke en “Exploradores” - Copyright © 1985 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “[Rec]” - Copyright © 2007 Filmax Entertainment y Castelao Productions. Todos los derechos reservados.