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sección de clásicos de la revista de cine LaButaca.net 
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Viernes 23 Mayo 2008

Tiene casi el doble de años que de películas, y aún así le quedan ganas para intentar innovarse y pelear por su hueco entre los nuevos cineastas y sus vistosos estilos. La práctica le viene de lejos: crecer entre los grandes de los setenta –Scorsese, Coppola, Kubrick…– tras un continuo eclipse y una posición de segunda fila de cara al público no es fácil, y por ello Sidney Lumet puede presumir de carrera ahora que los viejos ídolos vuelven a estar de moda. Y es que su contacto con el mundo del espectáculo arranca en la década de los treinta, cuando se patea locales de Broadway en busca de papelitos que alimentarían su ansia de convertirse en actor. Dirigir algunos programas en la CBS –series como “Danger” (1950) o “You are there” (1953)– durante los cincuenta debió de convencerle de sus aptitudes para otros campos del audiovisual, y enseguida probó suerte con “12 hombres sin piedad” (1957), clásico muy rememorado que triunfó y continúa triunfando más por su pulso dramático que por sus habilidades cinematográficas, demasiado pendientes de una puesta en escena teatral que no se acerca ni por asomo a la experimentación de películas-habitación, caso de Hitchcock.

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Un Oso de Oro en la Berlinale y varias nominaciones al Oscar® no es algo irrisorio para un debutante que empezó a especializarse en adaptaciones de obras dramatúrgicas –“Larga jornada hacia la noche” (1962)– y en la dirección de actores –Katharine Hepburn, Marlon Brando, Sofía Loren, Omar Sharif, Sean Connery o Paul Newman han pasado por sus manos–. A pesar del inesperado éxito, no abandonó del todo la realización televisiva –series o películas, como una adaptación norteamericana de “Rashomon” (1960)–, que compaginaba con nuevas producciones para la gran pantalla, de recepción variable: “Piel de serpiente” (1959), “El prestamista” (1964) y thrillers como “Punto límite” (1964), “Llamada para un muerto” (1966), “La ofensa” (1972), o las archiconocidas “Sérpico” (1973), “Tarde de perros” (1975) y “Asesinato en el Orient Express” (1974), cuyo amplísimo elenco venía a certificar el talento de Lumet para la sincronización de actores –y sus egos–.

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Entre finales de los setenta y los ochenta firma “Network. Un mundo implacable” (1976), “Veredicto final” (1982) o “Un lugar en ninguna parte” (1988), recordada por la participación de River Phoenix. Los últimos años lo han mantenido encasillado en películas poco recordables que explotan su faceta analítica y crítica, con débiles resonancias políticas, tales como “El abogado del diablo” (1993) o una tontería como la comedia “En estado crítico” (1997). En 2006, “Declaradme culpable” recibió una calurosa acogida por parte de la crítica, quizá también por el retorno de Lumet a la escritura del guión, que ha frecuentado de forma escasa –apenas cuatro libretos desde “El príncipe de la ciudad” (1981), una de sus cintas más destacables–. Su esfuerzo parece incombustible frente al poderoso empuje de los grandes que, aún hoy, le roban la taquilla, las estrellas, la consideración y los premios. El Oscar® honorífico que recibió en 2005 supuso la confirmación de un director alado, capaz de aguantar el vuelo aunque no consiga impresionantes piruetas. Es lo que tiene ser un pájaro entre una escuadra de veloces bombarderos.

En las imágenes: Sidney Lumet en el rodaje de “Tarde de perros” - Copyright © 1975 Artists Entertainment Complex. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Network. Un mundo implacable” - Copyright © 1976 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) y United Artists. Todos los derechos reservados.

Lunes 17 Marzo 2008

No me verán aquí analizando películas de capirotes, historias escritas en papel de fumar, épicas de cinemascope, moralinas o herejías con aroma a Antena 3. Mientras por estas tierras resuenan los panderos de la Semana Santa, los irlandeses celebran hoy su Día de San Patricio y las tabernas se preparan para recibir patriotas sedientos de juerga y cerveza. Una actitud tan jovial como estereotipada en las pantallas de cine, donde podríamos reunir nuestra propia tropa de irlandeses festivos. Mis favoritos, los que retrató John Ford en la aldea de Innisfree, a la que llega “El hombre tranquilo” (1952) con ánimo de romper su título y participar en las carreras, borracheras, peleas y bodas siempre resueltas a golpe de buen humor. No hay nada como un buen vendaval irlandés para un beso espectacular. Y sin perder de vista a Ford y John Wayne, habría que ubicar la fiesta en “La taberna del irlandés” (1963), película de similar tono simpático, pero que repetía con escaso éxito la fórmula de “Hatari!”, estrenada el año anterior. La bronca vendría de los emigrantes que se acechan como halcones y palomas en los muelles de “La ley del silencio” (1954) o de los “Ángeles con caras sucias” (1938), amén de la nota política de “El delator” (1935), “Larga es la noche” (1947), “En el nombre del padre” (1993), “The boxer” (1997) o “Michael Collins” (1996).

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Entre tanta actitud reivindicativa, alguien tan sarcástico como Sergio Leone supo colar a un militante del IRA en “¡Agáchate, maldito!” (1971). El toque familiar, con semblanza de personaje ilustre incluida, lo aporta “Larga jornada hacia la noche” (1962), que retrata a Eugene O’Neill, dramaturgo de obvio apellido irlandés. Que se apunten también Michael O’Hara –“La dama de Shanghai” (1947)– o Jim Malone –“Los intocables de Eliot Ness” (1987)–. Sin contar las numerosas aproximaciones a personajes irlandeses en los últimos años, desde el tópico del inmigrante en USA desafortunado –“En América” (2002)– o afortunado –“Camino a la perdición” (2002)–, hasta retratos rancios –“El viento que agita la cebada” (2006)– y contemporáneos de un Dublín triste, donde la inmigración es una convivencia –“Once” (2006)–. En su mayoría protagonistas de golpe y porrazo, los irlandeses de gran parte del cine extranjero que acoge su nacionalidad como tema no se identificarán con los que esta noche celebren el día de su color patrio: el verde. Verdes de envidia nosotros, que pasamos la semana entre el púrpura y el rojo sangre…

En las imágenes: Fotogramas de “El hombre tranquilo” - Copyright © 1952 Argosy Pictures. Todos los derechos reservados. “El delator” - Copyright © 1935 RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados. Y “La taberna del irlandés” - Copyright © 1963 Paramount Pictures y John Ford Productions. Todos los derechos reservados.