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Martes 27 Mayo 2008

Mientras un Sidney vence a la edad, otro es derrotado por el cáncer. El polifacético Sydney Pollack, generalmente asociado a tareas de dirección, aunque también lo hemos podido ver acreditado como actor y productor –incluso director de fotografía, en su última película-documental “Apuntes de Frank Ghery” (2005)– falleció ayer en Pacific Palisades a los 74 años de edad, justo cuando este septiembre habría celebrado sus bodas de oro con la actriz televisiva Claire Griswold. A lo que se suma la paradoja de que hoy, cuando salta la noticia, celebra cumpleaños Christopher Lee, con nada más y nada menos que 86 primaveras. Sin embargo, ambas celebridades no coincidieron en ninguna ocasión, y quien debe de llorar con mayor motivo la muerte de Pollack es Robert Redford. Actor fetiche desde los comienzos de su carrera, allá por los años sesenta, Redford apoyó al director en sus primeros pasos cinematográficos, después de que abandonase el teatro y el mundo de la televisión, donde también se habían formado Lumet y otros tantos cineastas de su generación.

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Se puso tras las cámaras de un par de episodios de la famosa “Alfred Hitchcock presenta”, entre 1962 y 1963, y firmó otra entrega de la no menos conocida “El fugitivo” (1964). Antes de conocer a Redford, Pollack debutó con “La vida vale más” (1965) y otro Sidney, Poitier, thriller repleto de tensiones y giros, inaugurando el estilo que marcaría la filmografía del realizador. Fue su siguiente película, “Propiedad condenada” (1966), una adaptación de la obra de Tennessee Williams firmada por Coppola, el motivo que unió a Pollack y Redford en una bonita historia romántica junto con Natalie Wood, y que anticiparía su otra vertiente fílmica, más reposada, claro objetivo de la crítica –desde “Un instante, una vida” (19), o cómo Al Pacino intenta hacerse el tierno, hasta “Sabrina (y sus amores)” (1995), o cómo destrozar la carrera de Julia Ormond–. Sus siguientes trabajos con el actor, siempre pendientes de sonsacar un partido interpretativo mayor que su atractivo físico, aún así innegable gancho para la taquilla, fueron “Las aventuras de Jeremiah Johnson” (1972), “Los tres días del cóndor” (1975), “El jinete eléctrico” (1979) o “Habana” (1990).

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Y en cuanto al thriller, Pollack se ha distinguido por sus ritmos elegantes –la asfixia de “Danzad, danzad malditos” (1969) es su rara avis–, sus personajes ahítos de secretos –“Ausencia de malicia” (1981)– y las tramas intrincadas que esconden, a veces, una pobre premisa –como las recientes “La tapadera” (1993) o “La intérprete” (2005)–. A pesar de sus dos géneros favoritos, Pollack se atrevió con otros palos, como la comedia paródica –el western “Camino de la venganza” (1968)–, el drama deportivo –“El nadador” (1968)– o las superproducciones –la tediosa “Memorias de África” (1985), ganadora de siete Oscar®, dos de ellos, dirección y película, para Pollack, o “Tootsie” (1982), que le reportó muchas más nominaciones de la Academia–. Su activismo político se deja ver en cintas como “Tal como éramos” (1973) –pancartismo burgués– o su participación en obras eficaces y de moral precocinada, como “Michael Clayton” (2007).

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Aparte de ésta, su rostro y su voz resultan reconocibles entre los actores de la fiesta de “Eyes wide shut” (1999), “Maridos y mujeres” (1992), “El juego de Hollywood” (1992) o series como “Los Soprano”, “Will y Grace” o “Frasier”, no en balde había estudiado actuación entre 1952 y 1954. Tal vez su dedicación a esta faceta, unida a la producción de películas ajenas –“Los fabulosos Baker Boys” (1989), “Sentido y sensibilidad” (1995) o “El talento de Mr. Ripley” (1999)–, compensase la falta de creatividad en sus últimos títulos –“Caprichos del destino” (1999)–, síntoma de una trayectoria ecléctica y de tono comercial. Pero, como les sucede a quienes imprimen su nombre entre el público sin asomo de duda, aún pervivirá en cartelera el rastro Pollack: un papelito en “La boda de mi novia” (2008), la producción de “Ella es el partido” (2008), y dos películas en cartera, “Margaret” y “The reader”.

En las imágenes: Sydney Pollack dirigiendo “La intérprete” - Copyright © 2005 Universal Pictures, Working Tittle, Misher Films y Mirage Entertainment. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados. Robert Redford en un fotograma de “Memorias de África” - Copyright © 1985 Mirage Entertainment y Universal Pictures. Todos los derechos reservados. Pollack, frente a Tom Cruise y dirigido por Stanley Kubrick en “Eyes wide shut” - Copyright © 1999 Hobby Films, Pole Star, Stanley Kubrick Productions y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Lunes 10 Marzo 2008

Las hay mejores, la hay peores: no todas, evidentemente, exhiben el mismo nivel, pero sí que hay un componente ineludible, presente en todas sus películas, que caracteriza al cine de Sydney Pollack, y es el de la solvencia. ¡Qué difícil resulta aburrirse con cualquiera de ellas! Desde el más escrupuloso respeto a las convenciones de la narración fílmica —y, más concretamente, a las del género de suspense (en sus modalidades criminal, judicial o política, tanto da)—, las películas de este veterano realizador ofrecen pocas alharacas en sus rubros técnicos (los experimentos formales se los regala todos “tito Sydney” a Von Trier y sus chicos…), y pocas (menos aún, si cabe) fisuras en sus guiones, generalmente basados en best-sellers de novelistas más que contrastados en los géneros antes apuntados y, por lo común, excelentemente acogidos por las megaestrellas más rutilantes del firmamento hollywoodiense (de ahí que sus repartos suelan ser, simplemente, espectaculares). Desde esa perspectiva, “La tapadera” no es sino otra pieza paradigmática, que alumbra todos y cada uno de los asertos anteriores.

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Basada en la novela homónima de John Grisham y con Tom Cruise (que venía de firmar otro protagónico memorable del ramo, como fue el de “Algunos hombres buenos”) como protagonista principal —aunque no única supestrella presente en su reparto: por ahí deambula un tal Gene Hackman para darle adecuado contrapeso (aunque no sea en la más brillante de sus interpretaciones)—, Sydney Pollack nos deleita, una vez más, con una trama de progresión implacable, en la que se entremezclan de manera meticulosamente calibrada elementos de suspense (principales) y de drama (secundarios), y en la que, salvo algún pequeño bache narrativo (no es fácil mantener la cuerda perfectamente tensa a lo largo de 154 minutos), el juego entre bondad y maldad, honradez y corrupción, pureza y pecado, ética (difícil) y riqueza (fácil), se desarrolla de acuerdo a uno de esos crescendos de abogados, policías y mafiosos en los que las majors estadounidenses siempre han sentado cátedra. Y si es con Sydney Pollack dirigiendo la tesis, ya saben: normalmente, cum laude

En la imagen: Fotograma de “La tapadera” - Copyright © 1993 Paramount Pictures. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.